No importa lo que hagas. No importa lo que pidas. No importa cuantos saques necesites para esconder tanta miseria. Ya no importa si tapás los espejos. Menos importa que no puedas disfrutar de tu nuevo pelo. Nada importa cuando el miedo está adentro, cuando te invade y solo te queda tu entrenado intelecto para articular excusas de infame patetismo.
Hoy podés contar con los favores del poder que te necesita para justificarse y cuidar su propio culo. Hoy te regalan una custodia de 400 policías cansados. Hoy te palmean la espalda y te dicen "quedate tranquilo, está todo bien". Por hoy zafás.
Solo por hoy.
Pero un día ese gusano blanco se te va a atorar y vas a pedir piedad. Te vas a enfrentar a tu imagen reflejada en los ojos de tus hijos. Un día va caer toda tu soberbia regada con la autoestima que la billetera puede comprar.
Un día vas a sufrir.
Más.
Y yo, yo me voy a cagar de risa.
Como corresponde.